GUITARRA ADMIRA JK80
REVISTA EN CONCIERTO
No. 63 Octubre 2002

Hoy tengo entre manos una guitarra clásica y de lujo, de construcción artesanal, maderas especialmente seleccionadas, y un buen trabajo manual, que da por resultado una guitarra española de categoría internacional. Señores, la JK-80 de la reconocida casa “Keller”, que ya lleva unos cuantos años en esto del buen hacer guitarrero.


La historia dice...

Mucho se ha escrito sobre los orígenes de la guitarra clásica, pero no hay un documento muy claro sobre esto. Lo que hay son grabados antiguos y planos de instrumentos de cuerda como el Laud, la Vihuela, guitarra Mora, etc. Estos instrumentos fueron directos antecesores de la guitarra que hoy conocemos. Lo que la historia certifica, es que esta evolución tuvo lugar en España, uno de los hombres que más trabajó por esto fue Fernando Sor, un barcelonés nacido en 1778, que se dedicó en cuerpo y alma a la ejecución de la guitarra después de haber estudiado cello, violín, composición y armonía. Su desarollo de la técnica y virtuosismo marcó un concepto de ejecución magistral y estableció nuevos criterios, modernísimos para la época (1795). Muchas de sus composiciones se consideran esenciales en el repertorio de los guitarristas clásicos contemperaneos.

Sor dejó muy bien documentado un extenso método sobre su estilo y su técnica, hoy por hoy todo un clásico. Teniendo la suerte de viajar por Europa, Sor conoció dos “Luthiers” muy famosos: en París a Rene Francois Lacote, y en Londres a Lovis Panormo. Los dos quedaron muy sorprendidos con el sonido y la construcción en sus trabajos, y como nota de prestigio, Panormo puso a sus guitarras etiquetas que decían: “El único fabricante de guitarras al estilo epañol”. Estaba claro que las construídas en paises europeos tenían sus propias características de cada región y su estética, pero en calidad de sonido y solidez, las guitarras españolas eran completamente superiores.

Torres y sus conceptos...
El hombre que realmente dio los parámetros a la guitarra clásica como la que hoy tengo entre mis manos, fue Antonio de Torres, nacido en 1817 en Almería. Él fue sin duda alguna el que tiene el honor de ser proclamado como el padre de la guitarra clásica. Torres aprendió los principios de la construcción en el taller de José Pernas en Granada, y allí decidió perfeccionar éste instrumento, dando en la tecla con varios conceptos que serían para siempre utilizados.

En 1850 sus guitarras fueron refinadas al máximo experimentando nuevos conceptos como: el aumento del cuerpo, tanto la superficie de la tapa y fondo, como también la profundidad llevándola de los 5 o 6 cm. originales a los 10 o 11 cm. que hoy se utilizan, ganando así más graves y volumen. También redondeó sus curvas, redujo el espesor de la madera empleada en tapa, fondo y aros, permitiendo un a mejor respuesta en la vibración. Aumentó la longitud de la escala (tiro) a 65 cm. y estudió mucho la química de los barnices. En fin se tomó muy en serio esto de mejorar la guitarra, y lo hizo tan acertadamente que se puede decir que la guitarra clásica es un invento español, sin lugar a dudas.

Veamos el mástil de la JK-80, que está hecho en cedro, una madera clásica para este menester. Este mástil tiene un nervio central de fibra de carbono y de cedro, con la veta en el otro sentido, para conseguir así más consistencia. Entre estas piezas longitudinales de cedro, se intercala un finísimo laminado de fibra de carbono. Esto es una mejora en el sistema técnico, no solo es estética. El nervio central de cedro tiene una forma triangular cuyo ancho en su parte más cercana al cuerpo es de 1 cm. y en la pala es de 1 mm.

Este mástil cuenta con unas medidas clásicas de ancho: en la cejuela mide 5,2 cm. y en el traste 12 cuenta con 6,3 cm.; el radio de su curva es normal, lo que le confiere una cómoda ejecución.

El diapasón es de ébano, con 7 mm. de espesor, perfectamente pulido y bien acabado. Deja ver una veta oscura y densa, y por supuesto aporta una rigidez al mástil, muy a tener en cuenta.

El entrastado es perfecto, con el perfil de los trastes muy bien pulidos y cómodos para tocar. Hay que tener en cuenta que una de las partes más importantes del instrumento es el mástil, ya que si no está bien ajustado, entrastado y cómodo, no se puede tocar bien y esto puede echar por tierra un instrumento.

La pala con un estilo clásico alberga un clavijero dorado con las palometas de nácar. Estas clavijas funcionan suaves, firmes y seguras. Un detalle a su favor es la decisión de hacer la cejuela de hueso, ya que este material es el más indicado por sus características para este propósito.

El cuerpo de la JK-80 conserva las medidas clásicas y está hecho con un detalle sibarita con respecto al acabado, pulido y maderas. Para la confección de aros y fondos artesanos de la casa “Keller” han utilizado palorrosa (rosewood), una madera exquisita de gran calidad, con un veteado muy bonito y con unas características muy óptimas por su aporte sonoro. El palorrosa, como el palosanto y el jacarandá, son tres maderas ideales para fabricar aros y fondos: son maderas oscuras, de gran densidad, con un veteado hermoso y las tres se comportan muy bien como caja acústica. Tienen el inconveniente de que son muy duras y por lo tanto tienen dificultad para cortar, cepillar y doblar, pero el resultado final, merece la pena todo el trabajo.

Con solo echar una mirada por la boca de la guitarra, vemos cómo se esmeraron a la hora de acabar el interior:; todas las uniones del fondo están reforzadas por piezas de cedro, perfectamente pulidas al mínimo detalle.

También hay que ver como han acabado el taco que une el mástil con el cuerpo: por dentro del cuerpo está redondeado y lijado, se nota que le han dedicado tiempo y mucho cariño. Otro detalle a destacar en esta fina construcción del instrumento es su barnizado interior del cuerpo. Muy pocos instrumentos llegan a ser barnizados por su interior.

Todos los filetes que unen aros y fondos están hechos de maderas laminadas claro-oscuras, acabando en un filete exterior de palorrosa, consiguiendo un “look” muy elegante.

Con respecto a la tapa: es de abeto también de primera calidad, trabajada al mínimo detalle y con precisión. Como sabréis, el abeto es la madera más indicada para esta función por sus características: nos aporta una proyección en el sonido, muy buena y cálida.

El puente también está hecho de palorrosa, perfectamente equilibrado y encolado, con un detalle visual de maquetería en blanco y negro.

La roseta que adorna la boca también esta hecha con mucho cariño y paciencia de un elefante, ya que este tipo de incrustaciones tan complicadas requieren su tiempo.

Otro detalle estético que toma su tiempo y buena dosis de paciencia es el filete que une la tapa con los aros, ya que tiene una forma ondulada con un contraste claro-oscuro, que resalta muchísimo.

En fin, todo el instrumento está hecho al detalle y se nota que se lo han tomado muy en serio, si no no se consigue tanta perfección. Desde mi taller felicito a los artesanos de “Keller”: se nota cuando un colega trabaja bien.

La busqueda de la armonía a través de una expresión privilegiada.
El sonido de la JK-80 es cálido, grave y muy dulce. Evidentemente, la utilización de buenos materiales y la tapa armónica y una sólida y estudiada construcción le confieren un cuerpo de sonido muy bueno. Como se trata de una guitarra clásica en su totalidad no se le ha instalado un sistema de amplificación, que sería de agradecer, ya que la casa “Keller” suele montar en sus guitarras españolas un transductor y un previo Fishman, que van estupendamente. También es comprensible que en este modelo no se instale, ya que es una guitarra clásica para un sector que no está muy de acuerdo con la amplificación de este tipo y prefieren el sonido puro del instrumento, y lo entiendo perfectamente ¡da gusto oírla!

En fin, mis felicitaciones por un instrumento tan bien hecho.