Hoy tengo entre manos una guitarra clásica y de lujo, de construcción
artesanal, maderas especialmente seleccionadas, y un buen trabajo manual,
que da por resultado una guitarra española de categoría internacional.
Señores, la JK-80 de la reconocida casa “Keller”, que
ya lleva unos cuantos años en esto del buen hacer guitarrero.
La
historia dice...
Mucho se ha escrito sobre los orígenes de la guitarra clásica,
pero no hay un documento muy claro sobre esto. Lo que hay son grabados
antiguos y planos de instrumentos de cuerda como el Laud, la Vihuela,
guitarra Mora, etc. Estos instrumentos fueron directos antecesores de
la guitarra que hoy conocemos. Lo que la historia certifica, es que
esta evolución tuvo lugar en España, uno de los hombres
que más trabajó por esto fue Fernando Sor, un barcelonés
nacido en 1778, que se dedicó en cuerpo y alma a la ejecución
de la guitarra después de haber estudiado cello, violín,
composición y armonía. Su desarollo de la técnica
y virtuosismo marcó un concepto de ejecución magistral
y estableció nuevos criterios, modernísimos para la época
(1795). Muchas de sus composiciones se consideran esenciales en el repertorio
de los guitarristas clásicos contemperaneos.
Sor
dejó muy bien documentado un extenso método sobre su estilo
y su técnica, hoy por hoy todo un clásico. Teniendo la
suerte de viajar por Europa, Sor conoció dos “Luthiers”
muy famosos: en París a Rene Francois Lacote, y en Londres a Lovis Panormo. Los dos quedaron muy sorprendidos con el sonido y la construcción
en sus trabajos, y como nota de prestigio, Panormo puso a sus guitarras
etiquetas que decían: “El único fabricante de guitarras
al estilo epañol”. Estaba claro
que las construídas en paises europeos tenían sus propias características
de cada región y su estética, pero en calidad de sonido
y solidez, las guitarras españolas eran completamente superiores.
Torres y sus conceptos...
El
hombre que realmente dio los parámetros a la guitarra
clásica como la que hoy tengo entre mis manos, fue Antonio
de Torres, nacido en 1817 en Almería. Él fue sin duda alguna
el que tiene el honor de ser proclamado como el padre de la guitarra
clásica. Torres aprendió los principios de la construcción
en el taller de José Pernas en Granada, y allí decidió
perfeccionar éste instrumento, dando en la tecla con varios conceptos
que serían para siempre utilizados.
En
1850 sus guitarras fueron refinadas al máximo experimentando
nuevos conceptos como: el aumento del cuerpo, tanto la superficie de
la tapa y fondo, como también la profundidad llevándola
de los 5 o 6 cm. originales a los 10 o 11 cm. que hoy se utilizan, ganando
así más graves y volumen. También redondeó
sus curvas, redujo el espesor de la madera empleada en tapa, fondo y
aros, permitiendo un a mejor respuesta en la vibración. Aumentó
la longitud de la escala (tiro) a 65 cm. y estudió mucho la química
de los barnices. En fin se tomó muy en serio esto de mejorar
la guitarra, y lo hizo tan acertadamente que se puede decir que la guitarra
clásica es un invento español, sin lugar a dudas.
Veamos el mástil de la JK-80, que está hecho en cedro,
una madera clásica para este menester. Este mástil
tiene un nervio central de fibra de carbono y de cedro, con la veta
en el otro sentido, para conseguir así más consistencia.
Entre estas piezas longitudinales de cedro, se intercala un finísimo
laminado de fibra de carbono. Esto es una mejora en el sistema técnico,
no solo es estética. El nervio central de cedro tiene una forma
triangular cuyo ancho en su parte más cercana al cuerpo es de
1 cm. y en la pala es de 1 mm.
Este
mástil cuenta con unas medidas clásicas de ancho: en la
cejuela mide 5,2 cm. y en el traste 12 cuenta con 6,3 cm.; el radio
de su curva es normal, lo que le confiere una cómoda ejecución.
El diapasón
es de ébano, con 7 mm. de espesor, perfectamente pulido y bien acabado. Deja ver una veta oscura y densa, y por supuesto aporta una rigidez al mástil,
muy a tener en cuenta.
El entrastado
es perfecto, con el perfil de los trastes muy bien pulidos y cómodos
para tocar. Hay que tener en cuenta que una de las partes más importantes
del instrumento es el mástil, ya que si no está bien ajustado,
entrastado y cómodo, no se puede tocar bien y esto puede echar por
tierra un instrumento.
La pala
con un estilo clásico alberga un clavijero dorado con las palometas
de nácar. Estas clavijas funcionan suaves, firmes y seguras. Un detalle a
su favor es la decisión de hacer la cejuela de hueso, ya que este material
es el más indicado por sus características para este propósito.
El cuerpo de la JK-80 conserva las medidas clásicas y está hecho
con un detalle sibarita con respecto al acabado, pulido y maderas. Para la
confección de aros y fondos artesanos de la casa “Keller”
han utilizado palorrosa (rosewood), una madera exquisita de gran calidad, con
un veteado muy bonito y con unas características muy óptimas
por su aporte sonoro. El palorrosa, como el palosanto y el jacarandá,
son tres maderas ideales para fabricar aros y fondos: son maderas oscuras,
de gran densidad, con un veteado hermoso y las tres se comportan muy bien
como caja acústica. Tienen el inconveniente de que son muy duras y
por lo tanto tienen dificultad para cortar, cepillar y doblar, pero el resultado
final, merece la pena todo el trabajo.
Con solo
echar una mirada por la boca de la guitarra, vemos cómo se esmeraron a la
hora de acabar el interior:; todas las uniones del fondo están reforzadas
por piezas de cedro, perfectamente pulidas al mínimo detalle.
También
hay que ver como han acabado el taco que une el mástil con el
cuerpo: por dentro del cuerpo está redondeado y lijado, se nota
que le han dedicado tiempo y mucho cariño. Otro detalle a destacar
en esta fina construcción del instrumento es su barnizado interior
del cuerpo. Muy pocos instrumentos llegan a ser barnizados por su interior.
Todos
los filetes que unen aros y fondos están hechos de maderas laminadas
claro-oscuras, acabando en un filete exterior de palorrosa, consiguiendo
un “look” muy elegante.
Con respecto a la
tapa: es de abeto también de primera calidad, trabajada al mínimo
detalle y con precisión. Como sabréis, el abeto es la
madera más indicada para esta función por sus características:
nos aporta una proyección en el sonido, muy buena y cálida.
El puente también está hecho de palorrosa, perfectamente
equilibrado y encolado, con un detalle visual de maquetería en
blanco y negro.
La
roseta que adorna la boca también esta hecha con mucho cariño
y paciencia de un elefante, ya que este tipo de incrustaciones tan complicadas
requieren su tiempo.
Otro detalle estético que toma su tiempo
y buena dosis de paciencia es el filete que une la tapa con los aros,
ya que tiene una forma ondulada con un contraste claro-oscuro, que resalta
muchísimo.
En fin, todo el instrumento
está hecho al detalle y se nota que se lo han tomado muy en serio, si no
no se consigue tanta perfección. Desde mi taller felicito a los
artesanos de “Keller”: se nota cuando un colega trabaja
bien.
La
busqueda de la armonía a través de una expresión
privilegiada.
El
sonido de la JK-80 es cálido, grave y muy dulce. Evidentemente,
la utilización de buenos materiales y la tapa armónica
y una sólida y estudiada construcción le confieren un
cuerpo de sonido muy bueno. Como se trata de una guitarra clásica
en su totalidad no se le ha instalado un sistema de amplificación,
que sería de agradecer, ya que la casa “Keller” suele
montar en sus guitarras españolas un transductor y un previo
Fishman, que van estupendamente. También es comprensible que
en este modelo no se instale, ya que es una guitarra clásica
para un sector que no está muy de acuerdo con la amplificación
de este tipo y prefieren el sonido puro del instrumento, y lo entiendo
perfectamente ¡da gusto oírla!
En fin, mis felicitaciones
por un instrumento tan bien hecho.